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REFLEXIONESVivir es Comprometerse Vivir es comprometerse… y arriesgarse Reír es arriesgarse a parecer un tonto. Llorar es arriesgarse a parecer sentimental. Ir al encuentro de alguien es arriesgarse a quedar comprometido. Exponer los sentimientos es arriesgarse a exponer su propio ser. Presentar sus ideas, sus sueños ante la gente es arriesgarse a perder. Amar es arriesgarse a no ser amado. Vivir es arriesgarse a morir. Tener esperanzas es arriesgarse al desengaño. Tratar por todos los medios de obtener algo es arriesgarse al fracaso. Pero, debemos arriesgarnos porque es la única manera de vivir la vida, porque los que no se arriesgan, no hacen nada, no tienen nada y no son nada. RICHARD BACH
admin | REFLEXIONES | Martes 04 Noviembre 2008 7:00pm
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La generosidad caracteriza al corazón noble y compasivo. Mas allá del acto caritativo, implica el desarrollo de una cierta sensibilidad, o compasión, que nos vuelve dispuestos a dar nuestra posesión mas preciada, que somos nosotros mismos. Es así como la generosidad comprende una serie de pasos que van desde abrirse hasta rendirse ante un proceso de vaciamiento. Así nos preparamos para recibir y valorar lo que la vida nos ofrece, y siempre estamos listos para dar lo que sea necesario. Cada día podemos ser generosos en acciones pequeñas. Su practica va abriendo el corazón poco a poco, y descubrimos que nunca hay perdida. En cambio nos fortalecemos y podemos superar el temor de ser vulnerables. Practicar la generosidad ejercita al corazón: cuanto más se da, mas se fortalece. Cada uno tiene algo para dar. Dinero, talento, tiempo o una simple oración. La generosidad es una virtud que nos eleva y nos pone en sintonía con nuestra esencia divina. Esto nos permite situarnos en el lugar del otro y comprender, en un instante, el regalo indicado para la persona indicada en el momento preciso. El volverse generoso contribuye al natural fluir de los dones del universo a través de cada uno.
admin | REFLEXIONES | Martes 14 Octubre 2008 2:14am
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Cerca de Tokio vivía un gran samurai, ya anciano, que ahora se dedicaba a enseñar el budismo zen a los jóvenes. A pesar de su edad, corría la leyenda de que aún era capaz de derrotar a cualquier adversario. Cierta tarde, un guerrero, conocido por su total falta de escrúpulos, apareció por allí. Era famoso por utilizar la técnica de la provocación: esperaba que su adversario hiciera el primer movimiento y, dotado de una inteligencia privilegiada para captar los errores cometidos, contraatacaba con velocidad fulminante.
El joven e impaciente guerrero jamás había perdido una lucha. Conociendo la reputación del samurai, estaba allí para derrotarlo y aumentar así su fama. Todos los estudiantes se manifestaron en contra de la idea, pero el viejo aceptó el desafío. Fueron todos hasta la plaza de la ciudad, y el joven comenzó a insultar al viejo maestro. Arrojó algunas piedras en su dirección, le escupió a la cara, gritó todos los insultos conocidos, ofendiendo incluso a sus antepasados.. Durante horas hizo todo lo posible para provocarlo, pero el viejo permaneció impasible. Al final de la tarde, sintiéndose ya exhausto y humillado, el impetuoso guerrero se retiró. - Decepcionados por el hecho de que su maestro aceptara tantos insultos y provocaciones, los alumnos le preguntaron: - ¿Cómo ha podido usted soportar tanta indignidad? ¿ Por qué no usó su espada, aún sabiendo que podía perder la lucha, en vez de mostrarse cobarde ante todos nosotros? - Si alguien se acerca a ti con un regalo, y tú no lo aceptas, ¿a quién pertenece el regalo? preguntó el samurai. - A quien intentó entregarlo - respondió uno de los discípulos. - Pues lo mismo vale para la envidia, la rabia y los insultos - dijo el maestro. - Cuando no son aceptados, continúan perteneciendo a quien los cargaba consigo.
admin | REFLEXIONES | Jueves 02 Octubre 2008 1:53am
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Anoche mi mujer y yo estábamos sentados en la sala hablando de las muchas cosas de la vida... entre otras... estábamos hablando de la idea de vivir y morir.
Le dije: "nunca me dejes vivir en estado vegetativo, dependiendo de máquinas, drogas y líquidos artificiales. Si me ves en ese estado, desenchufa los artefactos que me mantienen vivo. Prefiero morir". Ella se levantó con cara de admiración... y me desenchufó el televisor, el DVD, la computadora, el Ipod y el XBOX, me apagó el celular y me tiró a la basura el vaso de whisky, los cigarrillos y todas las cervezas!!!
admin | REFLEXIONES | Martes 01 Abril 2008 12:57am
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La paradoja de nuestro tiempo es la de que tenemos edificios más altos pero temperamentos cortos, carreteras más amplias, pero estrechos puntos de vista. Gastamos más, pero tenemos menos; compramos más, pero disfrutamos menos. Tenemos casas más grandes y familias más pequeñas, más comodidades, pero menos tiempo. Tenemos más grados de educación pero menos sentido, más conocimiento, pero menos juicio; más expertos, pero más problemas; más medicina, pero menos bienestar. Tomamos mucho, fumamos mucho, gastamos sin medida, reímos muy poco, conducimos muy rápido, nos enojamos mucho, nos vamos a dormir muy tarde, nos levantamos muy cansados, leemos muy poco, vemos mucha televisión, y rezamos a veces. Hemos multiplicado nuestras posesiones, pero reducido nuestros valores. Hablamos mucho, rara vez amamos y odiamos muy a menudo. Hemos aprendido como hacer dinero para vivir, pero no a vivir. Hemos añadido años a la vida pero no vida a los años. Hemos viajado de ida y vuelta a la luna, pero tenemos problemas cruzando la calle para saludar a nuestro vecino. Hemos conquistado el espacio exterior, pero no el espacio interior. Hemos realizado cosas grandes, pero no cosas mejores. Hemos limpiado el aire, pero contaminado el alma. Hemos conquistado el átomo, pero no nuestro prejuicio. Escribimos más, pero aprendemos menos. Planeamos más, pero logramos menos.
Hemos aprendido a vivir de prisa, pero no a esperar. Construimos más computadoras para guardar más información, para producir más correos electrónicos que antes, pero nos comunicamos menos y menos. Estos son los tiempos de la comida rápida y la lenta digestión, hombres grandes y carácter pequeño, grandes ganancias y relaciones superficiales. Estos son los tiempos de dos sueldos pero más divorcios, casas más lujosas pero hogares rotos. Estos son los días de viajes rápidos, pañales desechables, moralidades desechables, relaciones de una noche, cuerpos obesos y píldoras que hacen todo, desde levantar el ánimo, deprimirlo o hasta matar. Es el tiempo en el que hay mucho en los aparadores de las tiendas y nada en los almacenes. Un tiempo cuando la tecnología puede entregarte esta carta, y un tiempo cuando puedes escoger ya sea compartir este pensamiento o borrarlo con sólo un botón. Recuerda, pasa más tiempo con tus seres amados, porque no van a estar a tu lado por siempre. Recuerda, di una palabra generosa a alguien que necesita de ti, porque esa persona pronto crecerá y dejará tu lado. Recuerda dar un abrazo cálido a la persona que se encuentra a tu lado, porque ese es el único tesoro que le puedes dar con tu corazón y no cuesta ni un centavo. Recuerda decir siempre "Te quiero" a tu pareja y a la personas que amas, pero más que nada hazlo con toda sinceridad. Un beso y un abrazo arreglarán las heridas cuando viene desde dentro de ti. Date tiempo para amar, date tiempo para hablar, y date tiempo para compartir los pensamientos más preciosos en tu mente. La vida no se mide por el número de respiraciones que uno hace, sino por los momentos que nos roban el aliento. Autor: George Carlin (norteamericano)
admin | REFLEXIONES | Martes 26 Febrero 2008 12:26am
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Jim Prince estaba impaciente por ingresar al Regimiento del Norte de Staffordshire. Muchacho alto y robusto, de 18 años, a quien encantaba jugar fútbol, consideraba la guerra como otro deporte. Pero el primer día que pasó en las trincheras de la primera línea del frente, en Ypres, Bélgica, el año de 1914, alargó el brazo para dar un trozo de pan a otro soldado que, al levantarse para tomarlo, alzó la cabeza por encima del parapeto. La bala de un tirador alemán mató al soldado inglés instantáneamente. Prince supo entonces que la guerra no era como el fútbol. Era una carnicería. Unos 250.000 soldados aliados y alemanes resultaron muertos o heridos aquel otoño en la Batalla de Ypres, que duró un mes. "Nunca se había derramado tanta sangre en tan pequeña área", escribió desde el frente un observador. Después de aquello la Primera Guerra Mundial se estancó. Los contrincantes se ocultaban en las heladas trincheras anegadas, que se extendían desde el canal de la Mancha hasta la frontera suiza. En Ypres, la Noche de Navidad, hubo luna llena. La tierra helada refulgía con blancuzco resplandor. Graham Williams, de 21 años, de la Brigada de fusileros de Londres, atisbó las líneas alemanas por encima del parapeto. Normalmente aquella hora, en aquel sector importante del frente, la Tierra de Nadie se llenaba de figuras sombrías que corrían, unos en labor de reconocimiento, otros tratando de recuperar a sus heridos y a sus muertos. Esporádicamente, los llanos y feos sembradíos de nabos de Flandes eran iluminados por luces de Bengala. Aquella noche, en cambio, una ominosa calma parecía flotar en el aire diáfano. Recuerda Williams: "Fue como si un telón estuviera a punto de levantarse ante un milagro".
Williams advirtió una luz en el este, encima de las trincheras alemanas, demasiado baja para ser una estrella. Le sorprendió que nadie disparara contra ella. Vio entonces otra luz. Y luego otra. De pronto hubo luces a lo largo de las trincheras enemigas, hasta donde se alcanzaba ver. "¡Dios mío! ¡Los alemanes tienen árboles de Navidad!", gritó Williams al hombre que tenía más cerca. Entonces, de una trinchera alemana a no más de 50 metros, el coro de voces de barítono más hermosas que Williams hubiera oído jamás empezó a entonar "Noche de Paz, Noche de Amor". Al terminar el villancico, todo el regimiento de Williams vitoreó a los alemanes y cantó a coro "La Primera Navidad". Aquella mutua serenata duró una hora, interrumpida por gritos de "¡Ven a vernos Tommy!" y "¡No Jerry, tú ven aquí!". Pero ningún bando se movió. En el sector del frente en el que estaba Jim Prince, luego de la serenata un alemán empezó a avanzar hacia las trincheras británicas, seguido por media docena de otros alemanes, todos desarmados con las manos en los bolsillos. Por un momento pareció que iban a rendirse pero los ingleses también empezaron a salir de sus trincheras. Entre ellos Prince. A cinco metros de un alemán se detuvo. El alemán le dijo con sencillez "Yo soy sajón, y tú eres anglosajón. ¿Por qué peleamos?" al recordar muchos años después aquel maravilloso momento, reconoció Prince: "Aún ignoro la respuesta". Amaneció el día de Navidad frío, claro, refrescante… y pacífico. La tierra de nadie pronto se llenó con miles de soldados de ambos bandos, que caminaban unos junto a otros y se tomaban fotografías. Se improvisaron partidos de fútbol y se entabló un encuentro en toda forma, que los sajones ganaron por tres a dos. Algunos se arrancaron botones del uniforme, para ofrecerlos como presentes de Navidad. Los soldados que tenían habilidades especiales hicieron lo que pudieron. Un barbero inglés cortó el pelo a dóciles alemanes que se hincaban en tierra. Un alemán, malabarista profesional, cautivó tanto al público que no había sido difícil imaginarlo, como el flautista de Hamelín, conduciendo al ejército británico más allá de las líneas hasta un campo de concentración. "Fue maravilloso poder caminar sin que le dispararan a uno", dice Albert Moren sobreviviente de aquella guerra. También lo fue la oportunidad de celebrar una solemne ceremonia en la Tierra de Nadie. Soldados de los dos ejércitos cavaron tumbas, unas al lado de otras, luego el capellán, con la ayuda de un estudiante de teología, alemán ofreció un servicio fúnebre conjunto. Al no haber disparo, el joven Prince despertó más tarde de lo habitual la mañana de Navidad. Cuando por fin se unió a los demás, se encontró con un estudiante de Leipzig, de su misma edad. El alemán había recibido un paquete de Navidad, que ambos abrieron y compartieron: dulces, un pastel y un paquete de puros. "Su regalo fue el único que recibí aquella Navidad", recuerda Prince. Ambos bandos comprendían, por supuesto, que la tregua no sería bien recibida entre sus respectivos oficiales. Hubo un acuerdo tácito de guardar el secreto. Cuando, por la tarde, se supo que un brigadier británico estaba en camino para inspeccionar el batallón, alemanes e ingleses corrieron de regreso a sus trincheras, como niños traviesos. A la hora que llegó el brigadier, los ingleses pudieron presentar un cuadro convincente de un ejército en guerra. Los centinelas miraban por las troneras y había soldados tras las ametralladoras. Después de una breve inspección, el brigadier estaba a punto de partir cuando notó que la cabeza y los hombros de un alemán asomaban por encima del parapeto. ¡Cabo! –Gritó el brigadier- ¡allí hay un huno! ¡Dispárele! Sí señor –contestó el cabo, señalando el blanco al centinela más cercano y, al mismo tiempo, haciéndole un guiño. El centinela disparó muy lejos de su blanco. El alemán fingió no enterarse. ¡Dispare otra vez! –Ordenó el brigadier-. En esta ocasión, el disparo del centinela pasó más cerca del alemán, pero el germano ni se movió. El tercer disparo pasó silbando a pocos centímetros del enemigo, quien captó el mensaje y desapareció al hacerlo, levantó los brazos. El brigadier pareció satisfecho con esta "victima", y se fue. Los hombres no tardaron en volver a salir de sus trincheras. Al ponerse el sol, casi no se habían oído disparos en todo el frente durante 24 horas y, por consiguiente volvieron las aves. No había visto ninguna en el campo de batalla durante meses, pero ahora había petirrojos por todas partes. Un oficial británico alimentó a 50 aves fuera de su casamata. Cuando el alto mando se enteró por fin de lo ocurrido, montó en cólera. Los oficiales se alarmaron por el total desquiciamiento de la disciplina militar. También les preocupó que sus hombres descubrieran que sus enemigos no eran aquellos monstruos que, según la propaganda, había matado con bayoneta a bebés belgas y cortado los senos a nodrizas inglesas, sino gente sencilla, común como ellos mismos. Un londinense que ayudó a un alemán a cavar tumbas para compañeros muertos escribió a su casa: "Parecen tipos decentes". Otro describió a los alemanes como "buena gente". El alto mando inglés emitió órdenes severas de que no hubiese más fraternización. No hubo más treguas durante las tres Navidades que pasarían antes del fin de la guerra. La indagación que causó el empleo de lanzallamas y gas tóxico por los alemanes, en 1915, ayudó a combatir la idea de treguas. ¿Pudo la tregua de 1914 haber puesto fin a la Primera Guerra Mundial? Un sobreviviente, Albert Moren, cree que sí. "Si la tregua se hubiera prolongado otra semana", asegura, "habría sido muy difícil reiniciar la guerra". En este caso se habrían salvado casi nueve millones de hombres que morirían antes del Armisticio. La tregua navideña de 1914 continuó en algunos sectores del frente hasta el Año Nuevo, y aún después. "tuvimos que dejar que durara todo ese tiempo", explicó un alemán, en una carta enviada a su casa. "Queríamos ver cómo salían las fotos que ellos nos tomaron". Graham Williams recuerda la víspera de Año Nuevo, mientras estaba bombeando agua de su trinchera, de pronto vio a un alemán, de pie frente a él. Estaba ebrio, y llevaba una botella en cada mano. Williams le ordenó que volviera a su trinchera. El alemán se negó. – Entonces tendré que llevarlo prisionero- le advirtió Williams. El alemán le ofreció un trago: - No quiero caer prisionero, sólo quiero ser tu amigo- .Con ayuda de otro soldado, llevó a su enemigo ebrio de regreso a líneas alemanas. Acordaron que, cuando un bando tuviese que romper la tregua, dispararían una salva al aire para dar tiempo al enemigo de volver a sus trincheras. En el sector de Jim Prince, la salva sonó el 29 de diciembre, y los hombres retornaron a toda carrera a sus trincheras. Minutos después se reanudó el fuego, en serio. Prince desde su parapeto, pronto tuvo un alemán frente a la mira de su fusil: era un blanco fácil, a 300 metros. No pudo distinguir quién era pero, en el momento de apretar el gatillo, se le ocurrió que bien podría ser aquel estudiante de Leipzig que había compartido con él sus regalos de Navidad. Para Prince, el aficionado al fútbol que perdería una pierna varios meses después, había terminado la Navidad más maravillosa de su vida. Y hasta el día que murió en 1981, a la edad de 85 años, nunca oyó Noche de Paz, sin que le rodaran las lágrimas.
admin | REFLEXIONES | Lunes 24 Diciembre 2007 12:31am
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En aquel tiempo -dice una antigua leyenda china- un discípulo le preguntó al Maestro: ¿Cuál es la diferencia entre el Cielo y el Infierno?
El Maestro le respondió: es muy pequeña, sin embargo tiene grandes consecuencias. Ven, te enseñaré el Infierno -continuó el Maestro. Entraron en una habitación, donde un grupo de personas, estaba sentado alrededor de un gran recipiente con arroz, todos estaban hambrientos y desesperados, cada uno tenía una cuchara tomada fijamente desde su extremo, que llegaba hasta la olla. Pero cada cuchara tenía un mango tan largo, que no podían llevárselo a la boca. ¡La desesperación y el sufrimiento eran terribles! Ven -dijo el Maestro- ahora te mostraré el Cielo. Entraron en otra habitación, idéntica a la primera; había una olla de arroz, un grupo de personas, las mismas cucharas largas, pero allí, todos estaban felices y alimentados. No comprendo -dijo el discípulo. ¿Por qué están tan felices aquí, mientras son desgraciados en la otra habitación, si todo es lo mismo? Ah... ¿no te has dado cuenta? -el Maestro sonrió. Como las cucharas tienen los mangos largos, no permitiéndoles llevar la comida a su propia boca, aquí han aprendido a alimentarse unos a otros.
admin | REFLEXIONES | Viernes 07 Diciembre 2007 12:55am
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Saboreo cada acto. Antes cuidaba que los demás no hablaran mal de mí, entonces me portaba como los demás querían y mi conciencia me censuraba. Menos mal que a pesar de mi esforzada buena educación siempre había alguien difamándome. ¡Cuánto agradezco a esa gente que me enseñó que la vida no es un escenario! Desde entonce me atreví a ser como soy!
He viajado por todo el mundo, tengo amigos de todas las religiones; conozco gente extraña: vegetarianos que devoran al prójimo con su intolerancia, personas que caminan con un cartel que dicen: “Yo se más que tu”; médicos que están peor que sus pacientes, gente millonaria pero infeliz, seres que se pasan el día quejándose, que se reúnen los domingos para quejarse por turnos, gente que ha hecho de la estúpidez su manera de vivir. El árbol anciano me enseñó que todos somos lo mismo. La montaña es mi punto de referencia: ser invulnerable, que cada uno diga lo que quiera, yo sigo caminando indetenible, soy guerrero: mi espada es el amor, mi escudo el humor, mi hogar la coherencia, mi texto la libertad, y si mi felicidad resulta insoportable, discúlpenme, no hice de la cordura mi opción, prefiero la imaginación a lo indio, es decir inocencia incluida. Quizas solamente teníamos que ser humanos. El que tu no veas los átomos, no significa que no existan. Por eso es muy importante que sea el Amor lo único que inspire tus actos. Sin Amor nada tiene sentido, sin Amor estamos perdidos, sin Amor corremos el riesgo de estar de nuevo transitando de espaldas a la luz. En realidad, sólo hablo para recordarte la importancia del silencio. Anhelo que descubras el mensaje que se encuentra detrás de las palabras; no soy un sabio, sólo un enamorado de la vida. El silencio es la clave, la simplicidad es la puerta que deja fuera a los imbéciles. La educación ofical te prepara para que seas tu propia interferencia. Es interesante ver cómo los programas educativos eligen cuidadosamente todo lo esencial para descartarlo; así, no se enseña a vivir ni a morir, a amar ni a reír. La gente feliz no es rentable, con lucidez no hay necesidades innecesarias. No es suficiente querer despertar, sino despertar. La mejor forma de despertar es hacerlo sin preocuparse porque nuestros actos incomoden a quienes duermen al lado. Recuerda que el deseo de hacerlo bien será un interferencia; es más importante amar lo que hacemos y disfrutar de todo el trayecto; la meta no existe, el camino y la meta son lo mismo, no tenemos que correr hacia ninguna parte, sólo saber dar cada paso plenamente. No, no te resistas, ríndete a la vida, quien acepta lo que es y se habilita para hacer lo que puede, entonces se encarnan las utopías y lo imposible se pone a disposición. La mejor manera de ser feliz es: “ser feliz”; reconstruye tu raíz y saborea la vida; somos como peces de mares profundos, si salimos a la superficie reventamos. La frivolidad y la intrascendencia condenan la vida a la muerte. Cuando somos más grandes que lo que hacemos, nada puede desequilibrarnos, pero cuando permitimos que las cosas sean más grandes que nosotros, nuestro desequilibrio está garantizado. El corazón está en emergencia por falta de amor, hay que volver a conquistar la vida, enamorarnos otra vez de ella; nuestro potencial interior aflora espontáneamente cuando nos dejamos en paz. Quizá sólo seamos agua fluyendo; el camino nos lo tenemos que hacer nosotros, mas no permitas que el cauce esclavice al río, no sea que en vez de un camino tengas una cárcel. La infelicidad no es un problema técnico, es el resultado de haber tomado el camino equivocado. Amo mi locura que me vacuna contra la estupidez, amo el amor que me inmuniza ante la infelicidad que pulula por doquier, infectando almas y atrofiando corazones. El amor es, a nivel sutil, la esencia de nuestra instancia inmonológica. Sin amor, el síndrome de inmunodeficiencia será adquirido inevitablemente y ello es mortal. Desde mi corazón indígena sospecho que ser infeliz es una evasión. ¿Cuán fácil es hacer tonterías en este mundo moderno! Sospecho que el hombre empezó a equivocarse hace mucho tiempo, es decir que ya es tiempo de rectificar la marcha, y reorientando el paso, retomar la sagrada senda del sol. No es posible llegar a nuestro sitio sin trascender el egoísmo; no es posible acceder a la vida plena sin haberse purgado previamente de miedos y temores. La gente está tan acostumbrada a complicarse, que rechaza de antemano la simplicidad; la gente está tan acostumbrada a ser infeliz, que la sensación de felicidad les resulta sospechosa; la gente está tan reprimida, que la espontánea ternura le incomoda y el amor le inspira desconfianza. Hay cosas que son muy razonables y… apestan. Ya no podemos perder el tiempo en seguir aprendiendo técnicas espirituales cuando aún estamos vacíos de amor. Un día permitimos que nos esclavizaran y ni siquiera existe. El amo resultó ser un fantasma manejado a control remoto por quienes nos precisan domésticos. Quienes no están preparados para escuchar tienen la recompensa de no enterarse de nada. Disfruta de lo que tienes, recibe lo que venga, crea e inventa lo que necesites, haz solo lo que puedas, y fundamentalmente celebra lo que tengas. La vida es un canto a la belleza, una convocatoria a la transparencia, cuando esto lo descubras desde la vivencia, el viento volverá a ser tu amigo, el árbol se tornará en maestro y el amanecer en ritual, la noche se vestirá de colores, las estrellas hablarán el idioma del corazón y el espíritu de la tierra reposará otra vez tranquilo. No importa lo que digan de ti… Los que lo demás esperan de ti pueden convertirte en una cárcel; digan lo que digan de mí yo soy el que soy. Citas del libro, “Me declaro Vivo” by Luis Espinoza (Chamalú), 1994 - Ediciones Obelisco - Buenos Aires - Argentina - ISBN:84-7720-369-5
admin | REFLEXIONES | Jueves 11 Octubre 2007 7:24pm
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No culpes a nadie, nunca te quejes de nada ni de nadie, porque fundamentalmente tú has hecho tu vida. Acepta la responsabilidad de edificarte a ti mismo y el valor de acusarte en el fracaso para volver a empezar; corrigiéndote, el triunfo del verdadero hombre surge de las cenizas del error. Nunca te quejes del ambiente o de los que te rodean, hay quienes en tu mismo ambiente supieron vencer, las circunstancias son buenas o malas según la voluntad o fortaleza de tu corazón.
Aprende a convertir toda situación difícil en un arma para luchar. No te quejes de tu pobreza, de tu soledad o de tu suerte, enfrenta con valor y acepta que de una u otra manera, todo dependerá de ti; no te amargues con tu propio fracaso, ni se lo cargues a otro, acéptate ahora o seguirás justificándote como un niño, recuerda que cualquier momento es bueno para comenzar y que ninguno es tan terrible para claudicar. Deja ya de engañarte, eres la causa de ti mismo, de tu necesidad, de tu dolor, de tu fracaso. Si, tú has sido el ignorante, el irresponsable, tú, únicamente tú, nadie pudo haber sido por ti. No olvides que la causa de tu presente es tu pasado, como la causa de tu futuro es tu presente. Aprende de los fuertes de los audaces, imita a los enérgicos, a los vencedores, a quienes no aceptan situaciones, a quienes vencieron a pesar de todo. Piensa menos en tus problemas y más en tu trabajo y tus problemas sin alimento morirán. Aprende a nacer desde el dolor y a ser más grande, que el más grande de los obstáculos. Mírate en el espejo de ti mismo. Comienza a ser sincero contigo mismo. Reconociéndote por tu valor, por tu voluntad y por tu debilidad para justificarte. Reconócete dentro de ti mismo, más libre y fuerte, dejarás de ser un títere de las circunstancias, porque tu mismo eres tu destino. Y nadie puede sustituirte en la construcción de tu destino. Levántate mira las mañanas y respira la luz del amanecer. Tú eres parte de la fuerza de la vida Ahora despierta, camina, lucha. Decídete y triunfarás en la vida. Nunca pienses en la suerte, porque la suerte es el pretexto de los fracasados. PABLO NERUDA
admin | REFLEXIONES | Martes 09 Octubre 2007 6:56pm
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