DUENDES y HADAS
En el folklore europeo, un duende (fey, fae o faerie) suele ser denominado también “compañero pequeñito”, “buen compañero”, “amigo pacífico” o utilizando otros eufemismos. Se trata de un espíritu o ser sobrenatural, que ama la naturaleza.
La leyenda de los duendes se basa en el folklore y en los romances occidentales de la Edad Media europea (especialmente de la antigua Francia). Los duendes son seres muchas veces relacionados con mitologías orientales.
A veces, el término se utiliza para describir alguna criatura mágica, incluyendo gnomos o trolls. Otras veces, el término sólo describe un tipo específico de criatura etérea.
Generalmente, los duendes son descritos como seres humanos con poderes mágicos. En el folklore pueden ser almas de difuntos o ángeles bienhechores.
Las hadas y los duendes son acusados de actos semejantes: a veces se los caracteriza como aves de rapiña que raptan niños o los secuestran para reemplazarlos por otros. Pueden ser causantes de enfermedades mortales.
Muchas historias de duendes y cuentos de hadas combinan aventuras propias de los libros de caballería y de fábulas victorianas. Las hadas también son calificadas como “pequeños humanos” con capacidades sobrenaturales, capaces de influenciar el futuro y de surcar velozmente los cielos.
Aun cuando en la civilización moderna los duendes se ilustran como “jóvenes”, también existen hembras aladas, de estatura pequeña. En ilustraciones de duendes de la época victoriana, vemos seres minúsculos que surcan mágicamente los cielos y se confunden con las aves.
Etimología
Según el Diccionario etimológico de Pedro F. Monlau, la palabra “hada” evolucionó de “hadada”, “fada” y “ada”. Proviene de “fata”, que en latín significa Parca. Este vocablo aparece escrito en una moneda de Diocleciano. Proviene del latín fatum, hado, o acaso de fatua, que significa “adivina”.
Cabe destacar que las parcas son el equivalente romano de las “moiras” griegas, hijas de Zeus y Temis, aunque según otras versiones pueden ser descendientes de Nix, la Noche, una deidad que podía concebirse por sí misma.
Las moiras o parcas son tres: Láquesis (la que asigna el destino), Átropos (la inflexible) y Cloto (la que hila). Personifican el destino y su función es deparar por anticipado las fortunas e infortunios de la vida de los seres humanos.
Tienen el deber de observar que el destino prefigurado para cada criatura se cumpla de acuerdo con los designios divinos, incluyendo el de los propios dioses.
Las tres están presentes en la concepción de cada persona, hilan su futuro y lo vaticinan. En las iconografías de la época se las representaba como tres damas de perfil severo y adusto: Cloto acompañada de una rueca, Láquesis con un mundo o una pluma y Átropos, con una balanza en la mano.
Con respecto a la etimología de la palabra “duende”, la entrada del mismo diccionario etimológico indica que la palabra proviene del latín domus, que significa “casa”. Vale con el significado de “doméstico” o “casero” y alude a aquellos espíritus traviesos que viven dentro de las casas.
El inglés fayse acuñó cerca del 1400, proveniente del antiguo francés faie. El vocablo conjuga el citado concepto de “fatalidad” (no necesariamente con una connotación negativa) que se atribuye a pequeños espíritus de la naturaleza, como los duendes o las hadas.
J. R. R. Tolkien efectúa la distinción, en sus “Cuentos de hadas”, entre el concepto Faërie (que alude al reino donde los duendes tienen su morada) y Faery (para mencionar a un místico o vidente).
de Marisa E. Martínez Pérsico - Tomado de linkmesh.com
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