TIBET desde de la INVASIÓN CHINA (1ª parte)
Casi medio siglo atrás, las tropas chinas invadieron Tibet, llevando a un repentino y violento término los siglos de antiguo aislamiento de Tibet detrás de los Himalayas. El sello único del Budismo de Tibet conformaba el núcleo de la cultura y sociedad tibetanas, un contraste radical al dogma materialista antirreligioso de los comunistas chinos.
Inmediatamente después de la invasión, el Dalai Lama, el líder espiritual y temporal de Tíbet, y casi 100.000 tibetanos huyeron al exilio en India. En los años siguientes, la notable cultura y los habitantes de Tibet han sido perseguidos sistemáticamente. Alexander Solzhensitsyn describió el dominio de China en Tibet como “más brutal e inhumano que cualquier otro régimen comunista en el mundo”.
Historia de Tibet desde la Invasión China
A pesar de cuarenta años de ocupación china y varias políticas diseñadas para asimilar o representar a los tibetanos y destruir su particular identidad nacional, cultural y religiosa, la determinación del pueblo tibetano por preservar su patrimonio y reobtener su libertad sigue tan fuerte como siempre. La situación ha llevado a la confrontación dentro de Tibet y a un gran esfuerzo por hacer propaganda china a gran escala internacionalmente.
La Invasión China, 1949 - 51
El gobierno comunista recientemente establecido de China envió tropas a invadir Tibet en 1949 - 50. Se impuso un tratado sobre el gobierno tibetano en mayo de ese año, reconociendo soberanía sobre Tibet, pero reconociendo la autonomía del gobierno tibetano con respecto a los asuntos internos de Tibet. En la medida que los chinos consolidaron su control, repetidamente violaron el tratado y una abierta resistencia a su dominio creció, conduciendo al Levantamiento Nacional en 1959, y la huida a India del jefe de estado y líder espiritual de Tibet, el Dalai Lama.
La comunidad internacional reaccionó con conmoción ante los hechos en Tibet. El asunto de Tibet fue discutido en numerosas ocasiones por la Asamblea General de las Naciones Unidas entre 1959 y 1965. Tres resoluciones fueron aprobadas por la Asamblea General condenando las violaciones de China a los derechos humanos en Tibet, y requiriendo a China respetar esos derechos, incluyendo el derecho de Tibet a libre determinación.
Después de 1959: Destrucción
La destrucción de la cultura de Tibet y la opresión de su pueblo fue brutal durante los siguientes veinte años tras el levantamiento. 1.2 millones de tibetanos, un quinto de la población del país, murieron como resultado de las políticas de China; muchos más se consumieron en prisiones y campos forzados; y más de 6.000 monasterios, templos y otras construcciones culturales e históricas fueron destruidos y sus contenidos saqueados. En 1980, Hu Yao Bang, Secretario General del Partido Comunista visitó Tibet - el primer oficial superior en hacerlo desde la invasión. Alarmado por la magnitud de la destrucción que vio allí, solicitó una serie de reformas drásticas y una política de “recuperación”. Se dijo que su renuncia obligada en 1987, fue en parte resultado de esta visión sobre Tibet. En 1981, Alexander Solzhenitsyn describió el régimen chino en Tibet, incluso, como “más brutal e inhumano que cualquier otro régimen comunista en el mundo”. La moderación de las políticas de China en Tibet llegó muy lentamente después de 1979 y permanece severamente limitada.
Intento de Diálogo entre Tibet y China
El Dalai Lama envió dos delegaciones para sostener conversaciones exploratorias a alto nivel con el gobierno chino y los líderes del partido en Beijing entre 1979 y 1984. Las conversaciones no tuvieron éxito porque los chinos no estaban preparados en ese momento para discutir nada esencial, excepto el regreso del Dalai Lama del exilio. El Dalai Lama siempre ha insistido en que su regreso no es un problema, en cambio, el tema que necesita ser tratado es el futuro de los seis millones de tibetanos dentro de Tibet. La opinión del Dalai Lama es que su propio regreso dependerá totalmente de la solución de la situación y derechos de Tíbet y su pueblo.
Alarmante Afluencia China
En los años recientes la situación en Tibet se ha deteriorado nuevamente, induciendo en 1987 a abiertas demostraciones en contra del dominio chino en Lhasa y otras partes del país. Uno de los principales factores conducentes a esta deterioración ha sido la gran afluencia de chinos en Tibet, particularmente en sus ciudades principales. El número exacto de chinos es difícil de estimar, puesto que la vasta mayoría se ha movilizado sin obtener los permisos oficiales de residencia para hacerlo. De ahí que las estadísticas chinas son totalmente engañosas, contando solamente los pequeños números de inmigrantes registrados. En las ciudades y fértiles valles de Tibet, particularmente en el este de Tibet, los chinos superan doblemente a los tibetanos, y a veces, los triplican. En ciertas áreas rurales, particularmente en el oeste de Tíbet, hay muy pocos chinos. Independiente de las cifras, el impacto general de la afluencia es desbastador, pues los chinos no sólo controlan el poder político y militar en Tíbet, sino que también la vida económica e incluso la vida cultural y religiosa del pueblo.
Los militares chinos, al igual que los civiles establecidos en Tíbet han sido una fuente de gran preocupación para India, pues tienen un impacto directo en la seguridad de India. Por siglos Tíbet fue un ‘amortiguador’ vital entre China e India. Fue sólo cuando las tropas chinas enfrentaron las tropas indias en la frontera indo-tibetana que las tensiones, e incluso la guerra, se desarrollaron entre las dos potencias más pobladas del mundo. Mientras más se convierta a Tíbet en una provincia china, poblada por chinos, más fuerte se volverá la posición estratégica de China a lo largo de los Himalayas. El creciente alcance militar de China ha llegado a ser ahora una fuente de preocupación para muchas naciones asiáticas, al igual que para India.
La Situación Legal de Tíbet
Los hechos recientes en Tíbet han intensificado la disputa sobre su situación legal. La República Popular China (RPC) reclama que Tíbet es parte integral de China. El Gobierno Tibetano en exilio sostiene que Tíbet es un estado independiente bajo ocupación ilegal.
El asunto es altamente relevante, al menos, por dos razones. Primero, si Tíbet se encuentra bajo ocupación ilegal china, la transferencia a gran escala de colonos chinos de Beijing a Tíbet, es una seria violación a la Cuarta Convención de Ginebra de 1949, que prohibe la transferencia de población civil a territorio ocupado. Segundo, si Tíbet se encuentra bajo ocupación ilegal china, la presencia ilegal de China en el país es objeto legítimo de preocupación internacional. Por otra parte, si Tíbet es parte integral de China, entonces, estos puntos caen dentro de su propia jurisdicción interna, como proclama China. El tema de los derechos humanos, incluyendo el derecho a libre determinación y el derecho del pueblo tibetano por mantener su propia identidad y autonomía, son, obviamente, objetos legítimos de preocupación internacional, independiente de la situación legal de Tíbet.
La RPC no reclama derechos de soberanía sobre Tíbet como resultado de una subyugación militar y ocupación de Tíbet tras la invasión del país en 1949 - 1950. Así, China no alega que haya adquirido soberanía por medios de conquista, anexión o prescripción en este período. En cambio, basa su reclamo a Tíbet meramente sobre su teoría de que Tíbet ha sido parte integral de China por siglos.
El tema de la situación de Tíbet es en esencia una cuestión legal, no obstante, de relevancia política inmediata. La situación internacional de un país debe determinarse mediante un criterio legal objetivo, mas que político subjetivo. Entonces, el que una entidad particular sea un estado en el derecho internacional depende de si posee el criterio necesario para la condición de estado (territorio, población, gobierno independiente, capacidad de conducir relaciones internacionales), no de si los gobiernos de otros estados reconocen su independencia. El reconocimiento puede proporcionar la evidencia de que los gobiernos extranjeros están dispuestos a tratar una entidad como un estado independiente, pero no puede crear o extinguir un estado.
En muchos casos, como el presente, es necesario examinar la historia de un país para determinar su condición. Dicho estudio histórico debe basarse, lógicamente, en las propias fuentes históricas del país, en vez de interpretaciones contenidas en fuentes oficiales de un estado foráneo, especialmente uno que reclama derechos sobre el país en cuestión. Esto puede parecer evidente para muchos. Al estudiar la historia de Francia examinamos materiales de información franceses, en vez de alemanes o rusos. Sin embargo, apunto a esto precisamente porque el reclamo de China por soberanía sobre Tíbet se basa casi exclusivamente en historias oficiales chinas a su propio servicio. Las fuentes chinas presentaron a la mayoría de los países con los que el emperador de China sostuvo relaciones, no sólo a Tíbet, como vasallos del emperador. Al estudiar la historia de Tíbet, se ha de otorgar a las fuentes tibetanas importancia primaria, a las fuentes extranjeras, incluyendo las chinas, se les ha de conceder un peso secundario.
(continúa)
Tomado de: http://www.casatibet.org.mx
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