EL MENSAJE OCULTO EN LOS CUENTOS DE HADAS (2ª parte)
EL SIGNIFICADO DE LOS CUENTOS
Es interesante introducirse en la significación de los elementos y personajes de los cuentos. Esto nos aportará datos adicionales sobre su importancia.
En La Bella Durmiente del Bosque, la rana que pronostica a la reina (atribulada porque no tiene hijos) que pronto dará a luz una niña, simboliza, al vivir en el agua y en la tierra firme, la facultad de captación de la atmósfera espiritual, y es por lo tanto augur del tiempo que vendrá.
“A la princesa recién nacida la rodean en la fiesta doce hadas.
Pero las hadas del reino eran trece, y sucedió que el rey y la reina sólo tenían doce platos de oro para servirlas, así que dejaron de invitar a una.”
Doce son los signos del zodíaco, por los cuales recibía el hombre su sabiduría.
Las mujeres sabias o hadas personifican las fuerzas que se ejercen entre el cielo y la tierra.
Pero ¿y la decimotercera? Antiguos mitos hablan de un consejo de los dioses que constaba de doce consejeros y un decimotercero: Loki o Ludur, el exterminador, el Lucifer de los nórdicos, que siempre mantiene cierta oposición.
De puntillas, el mito se cambia las ropas por las de las hadas y se mete en el cuento.
“Al terminar el banquete cada una de las hadas concedió una gracia a la niña.
Cuando ya once habían hablado se presentó la decimotercera, que exclamó: La princesa se pinchará con un huso el día de su decimoquinto cumpleaños y caerá muerta”.
Pero el hada número doce no había hablado todavía y para anular la fatal sentencia se adelantó y dijo: “La niña no morirá, sino que quedará dormida en un sueño profundo que durará cien años”.
El hada decimotercera simboliza la Tierra, que lleva dentro de sí el aguijón de la muerte.
Cuando el príncipe llega a despertar a la Durmiente, nunca se aclara de dónde viene, pero viene a cumplir el destino.
La Bella Durmiente es un cuento sobre el destino.
Blancanieves “La reina cosía junto a una ventana. Caían los copos de nieve. Mirando caer la nieve la reina se pinchó un dedo.
El rojo de la sangre se destacaba sobre el fondo blanco: ¡Ah! si pudiera tener una niña blanca como la nieve, de labios rojos como la sangre y el cabello negro como la madera de ébano”.
La nieve cae del cielo, y su blancura siempre ha sido connotación de pureza. La imagen “rojo como la sangre”, ¿no nos trae a la memoria el corazón? La niña será de corazón afable y sensible.
El negro de los cabellos alude a la fortaleza de la que luego tendrá que hacer alarde para superar sus tribulaciones.
Cuando la reina muere y aparece la madrastra, el espejo es el Gran Consultor: “Señora reina, eres como una estrella, pero Blancanieves es mil veces más bella”.
Esotéricamente, el espejo es el ojo universal que todo lo percibe.
Decimos, cuando se trata de autojuzgarse: “Hay que ponerlo frente a un espejo”.
El espejo es la conciencia de la reina, que le grita la verdad.
La madrastra echa a Blancanieves del castillo, así como el hada mala de la Bella Durmiente deja su profecía, pero ¿son malas en realidad? ¿o son simplemente el instrumento del destino para que las heroínas encuentren la felicidad?
Blancanieves tiene siete años, encuentra a siete enanos que hacen siete preguntas, la camita adecuada para ella es la número siete…
-La Bella Durmiente es, esotéricamente, el cuento del doce, la cifra del espacio;
Blancanieves es el cuento del siete, la cifra del tiempo, y en Caperucita Roja, la criatura terrestre, ya no hay número alguno.
Blancanieves es más bella que la reina porque ésta simboliza la belleza terrestre, y Blancanieves la belleza del alma surgida bajo el influjo de la nieve.
Se pincha con el peine ponzoñoso que le trae la madrastra, pero los enanos ponen remedio (hay que recordar que también la Bella Durmiente se pincha con el huso).
Aquí es la imagen del mundo terrenal obrando como espina irritativa sobre el mundo del alma.
Finalmente, aparece la manzana, el fruto de la Tentación, que sume a Blancanieves en un profundo sueño, encerrada en su ataúd de cristal, imagen de la forma en que el alma humana se halla hoy en el mundo.
La Bella Durmiente, Blancanieves y Caperucita Roja son cuentos arquetípicos, cuyo tema es el destino, el descenso del alma desde las regiones etéreas hasta las terrestres y su posterior ascenso, ya purificada y transmutada.
Éste es el mundo de fantasía que no debemos dejar perecer y que nos espera todas las noches cuando, a la cabecera de la cama de un niño, pronunciamos las palabras mágicas: “Érase una vez…”.
No hay que temer que el niño se canse de oír un cuento una y otra vez: siempre le parecerá escucharlo por vez primera; ni tampoco hay que extrañarse de que el niño nos pida que repitamos un cuento muchos días seguidos: tal vez ese particular relato contenga situaciones que le afectan particularmente.
Al finalizar, procuremos afirmar la sensación mágica, diciendo: “y si pudiéramos encontrar el castillo, veríamos allí al príncipe y a la princesa ahora…”, o bien: “el que contó ésto, estuvo presente el día de sus bodas…”.
Dejémonos llevar por la emoción del relato: que nuestras expresiones sigan la alegría o la tristeza del cuento y que nuestra voz suba o baje de tono de acuerdo al personaje que habla.
Y jamás expliquemos a un niño por qué, racionalmente, el cuento de hadas es tan bello.
Le quitaríamos la ilusión.
SIMBOLISMO PSICOANALÍTICO DE LOS CUENTOS DE HADAS
Bruno Bettelheim, psicoanalista y profundo conocedor de los cuentos de hadas, dice que un niño por debajo de la edad escolar no es capaz de captar explicaciones científicas que requieran un pensamiento objetivo.
Así pues, el niño experimentará el mundo a semejanza de sus padres y de lo que ocurra en el seno de su familia.
Ni las proyecciones infantiles ni la dependencia en las imágenes protectoras, tales como el ángel de la guarda, nos darán una seguridad absoluta, pero visto que uno no podrá proporcionársela, es preferible utilizar las imágenes y proyecciones que carecer de seguridad.
A partir de los cinco años, aproximadamente, ningún niño considera estas historias como reales, pero de todas formas siguen cumpliendo sus necesidades internas.
El hecho de encontrar una tinaja o una botella, como en El espíritu de la botella, o de proteger a un animal o ser protegido por él, como en El gato con botas, son circunstancias cotidianas que, al convertirse en grandes cosas, animan al niño a que piense que sus pequeñas hazañas reales son verdaderamente importantes, aunque en un primer momento le parezca mentira.
PROBLEMAS EDÍPICOS
En Blancanieves, el personaje femenino que siente celos no es la madre, sino la madrastra; de este modo se desplaza la agresividad de la psiquis materna hacia otra psiquis ajena y los problemas edípicos quedan limitados al poder de nuestra imaginación.
Cuando la reina se pincha un dedo, la inocencia sexual (la nieve) y la pureza contrastan con el deseo sexual simbolizado por la sangre roja.
Los cuentos de hadas preparan al niño para que acepte el trauma de la primera menstruación o, más tarde, de la primera relación sexual.
Los cazadores (Blancanieves, Caperucita Roja) simbolizan la figura paterna protectora que, actuando como padre sustituto, se arriesga a contradecir los deseos de la madre perversa y salva a la niña.
En Cenicienta, el fogón simboliza la madre y el vivir cubierta de cenizas puede ser símbolo de los esfuerzos por mantener la relación con la madre o volver a ella.
Y así se podría seguir indefinidamente, pues los cuentos de hadas son ricos en símbolos de todos los tipos.
LA VIOLENCIA EN LOS CUENTOS
¿Por qué la violencia de los cuentos de hadas no cala en los niños?
No se puede negar que hay violencia y mucha: Barba Azul guarda los cadáveres ensangrentados de sus esposas, el ogro del cuento se ha comido ya antes a varios niños y luego, engañado, se come a sus hijas…
Pero la maldad y la violencia nunca dejan de ser castigadas.
El malo es siempre malo y es castigado.
El bueno es siempre bueno y es recompensado.
No hay personajes ambivalentes, que tanto desconciertan e inquietan al niño.
Cenicienta, Blancanieves, La Bella Durmiente, son ejemplos de dulzura femenina.
Pulgarcito, El sastrecillo valiente, los siete cabritillos, están repletos de astucias para salir de los aprietos, pero ninguno de estos héroes es violento.
Los personajes ambivalentes, con bondad/odio/agresión cambiante y recurrente, tipo James Bond, con licencia para matar, no tienen lugar en los cuentos de hadas.
LA LITERATURA INFANTIL, COMO FUENTE DE ESOTERISMO
La Literatura Infantil es sin duda alguna, uno de los vehículos mágicos en el cual pasamos de la inocencia de la niñez a la realidad del adulto.
Sin embargo aquellas imágenes que nos cautivaron de niños tenían un doble propósito:
Por un lado, entretenernos.
Y por otro, entregarnos las semillas del esoterismo, que podrían echar raíces en nuestro espíritu.
El mundo infantil interacciona directamente entre el mundo real y el mundo mágico.
Por ello, para un niño, todas las entidades mágicas, como hadas, duendes, áneles,etc., son reales.
Cuando ya es adulto, la enseñanza esotérica, la cual es una especie de evocación, le revive esos procesos, y se produce un estado de fusión, de comunicación profunda, entre el cuento infantil y el lector.
Así pues, la iniciación esotérica –al margen de los ritos particulares que puedan existir y llevarse a la práctica en una determinada escuela – no estriba ni más ni menos que en «una cultura de la inteligencia del corazón».
En este sentido, todos los grandes maestros esotéricos, ya se trate de iluminados, de profetas o, simplemente, de profundos conocedores del aspecto espiritual del mundo, no tratan de esconder nada sino que, por el contrario, se esfuerzan en mostrar la auténtica y oculta realidad de las cosas a los profanos.
Al mencionar «la inteligencia del corazón» estamos refiriéndonos a esa capacidad que tiene el ser humano de intuir aquellas verdades que se escapan generalmente al dominio del razonamiento.
Por este motivo los textos iniciáticos y esotéricos, y especialmente los cuentos infantiles, no son, aparentemente, lógicos.
Lo que pretenden es crear en el lector una determinada reacción que pueda ser el primer paso hacia un auténtico Conocimiento.
Se diría que se trata de generar un impacto que eleve al discípulo del nivel primario de la razón, a la sinrazón, si la semilla ha fructificado en terreno fértil.
Tomado de mozartinfantil.galeon.com
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